¿Escuchas a los clientes?

¿Cuántas veces pedimos un café un bar, y cuantas veces nos sirven sin hablar o en un tono indiferente y ni preguntan por nuestro gusto? ¿Cuántas veces tienes la sensación que estás molestando al camarero por pedir algo? ¿Cuántas veces pensamos, que somos clientes y pagamos para un servicio que no es digno de ser llamado así?

Pues me gustaría compartir una experiencia positiva, que me enseñaba que, si, se puede estar atento.

Otro día estuve en un bar a lado del Auditorio Nacional en Madrid, me quedaba media horita para tomar algo antes de un concierto. Desde el primer momento me gustó el trato. El tono del camarero fue muy agradable y noté que alguien está interesado en mi. Este camarero me dio la bienvenida ya solo por su tono, su actitud.

Pedí un café con leche y un pincho de tortilla. Nada especial, pero ¿cuántas veces el camarero prepara nuestro pedido como le da la gana, nos sirve la tortilla súper fría o el café tan caliente que nos quemamos la lengua?

Pues esta vez no. La conversación fue parecido a esto:

“¿Ya sabe que puedo hacer por usted?”

“Pues si, un café con leche en vaso y un pincho de tortilla, por favor.”

“Muy bien, solo una pregunta, ¿la tortilla, normal o con cebolla?”

“Con Cebolla.”

“¿Y la calentamos un poco?”

“Si, gracias.“

Y cuando sirvió el café con leche “La leche templada o caliente?”

Es cierto, el camarero no ha hecho algo especial y es una situación corriente y a lo mejor os sorprende porque lo cuento: Pero, haber tomado tantos cafés y haber tenido tantas veces la sensación que yo, como cliente, y mis preferencias no son importante, noté la diferencia en el trato. Muchas veces el tono del camarero es gruñón o nadie pregunta como prefiero la leche. Me ilusionó que para algo tan sencillo como mi pedido, alguien se tomó el tiempo para saber, como es mi gusto y para ofrecer un buen servicio. Me sentí valorado, una sensación importante para volver a este sitio.

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